Primer equipo

1–2. EL DÍA QUE EL IBIZA ESTUVO A PUNTO DE ELIMINAR AL BARÇA

23 enero, 2020

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Can Misses estaba lleno hasta los topes. Casi siete mil personas se habían citado en un estadio que se había puesto guapo para su cita con el Futbol Club Barcelona. La ocasión lo merecía: no todos los días viene a tu casa “uno de los tótems del fútbol mundial” –por utilizar las palabras que usó Pablo Alfaro en la rueda de prensa posterior al partido contra los barcelonistas. El entrenador del Ibiza también había definido el encuentro “como un regalo que te da el fútbol” durante los días previos, los más intensos de la corta pero apasionante historia del Ibiza. El premio no era, sin embargo, disputar los dieciseisavos de final de la Copa del Rey y marcharse a casa con la camiseta azul y grana de una estrella colgada del hombro. Alfaro quería que su equipo compitiera contra uno de los rivales más poderosos del planeta. Sus jugadores siguieron sus instrucciones al pie de la letra. A la marea celeste le quedó claro a los cinco minutos que el partido no iba a ser un monólogo de Goliat sino un diálogo en el que David tenía mucho que decir. El gigante arrancó hablando mucho sin concretar demasiado. El pequeño hondero, en cambio, aprovechaba los compases de silencio para pronunciar frases ingeniosas que, con una pizca de acierto, podían convertirse en memorables.

El fútbol eléctrico del Ibiza se transformó en gol muy pronto. Ocho minutos bastaron para que Javi Lara y Raí encontraran las primeras grietas en una defensa visitante que formó con tres jugadores (Semedo, Lenglet y Junior). El cordobés vio la carrera del carioca en la banda zurda y le puso un buen balón que Raí mejoró al cruzarlo al interior del área. Por allí apareció como un avión libre de marca Javi Pérez. Si en vez de en Alcalá de Henares, el ‘17’ del Ibiza se hubiese criado en Liverpool, Leeds o Manchester los aficionados lo identificarían como el típico centrocampista box-to-box. Al madrileño le encanta aprovechar esos balones francos y su golpeo, después de tocar en Pep Caballé, se coló en la puerta que defendía Neto. Con los brazos extendidos, la celebración de Javi Pérez planeó por el césped ibicenco hasta que sus compañeros, que corrían para abrazarle, le alcanzaron junto a una grada Portinatx que había entrado en éxtasis.

El marcador daba a pie a frotarse los ojos varias veces para salir de dudas. Ibiza, 1; Barcelona, 0. La combinación binaria encendió el piloto de la ilusión en Can Misses. No solamente el estadio brillaba. También lo hacía el juego del Ibiza, asfixiante, rápido y certero. La presión alta que aplicó el bloque de Alfaro ensuciaba la salida de balón del Barça. Los de Quique Setién no daban con la tecla para llegar al área celeste. Tuvieron que esperar catorce minutos para que la realización del partido descubriera a los espectadores televisivos que el portero del Ibiza era Germán. Poco después, González Fuertes anuló un gol de Rodado en medio de una intensa pitada. El colegiado apreció falta en el robo de balón a Lenglet con el que Rodado se metió en el área visitante para batir por bajo a Neto. El Ibiza quería más y Javi Lara intentó sorprender con el lanzamiento de una falta que lamió el lateral de la red.

El Barça no conseguía tejer el juego que casa con su filosofía y del que hace bandera Setién. Carles Pérez y Ansu Fati no recibían balones en los costados para alimentar a Griezmann. La afición, espoleada por corsarios y pagesos, se vino arriba y empezó a preguntarse a coro por el paradero de Leo Messi, que no formó parte de la convocatoria, igual que Piqué y Sergio Busquets (sancionado por acumulación de amarillas). Los cánticos, el ambientazo y la fiesta eran gasolina para los celestes, que estuvieron a punto de convertir al coche en bólido cuando Raí sentó a De Jong con un recorte dentro del área. La fantasía dejó solo al ‘11’, pero el chut de Raí lo rechazó la base del palo. Por allí y con la caña preparada como siempre pasaba Rodado. L’Àngel del Gol, como lo llaman algunos comentaristas, le pegó fuerte a la bola, pensando que a la segunda iría la vencida. Su mala suerte fue encontrarse con un Neto en estado de gracia que envió el lanzamiento a córner.

Con la sensación de haber invertido los papeles se fueron los veintidós futbolistas a vestuarios. Sa Penya Pagesa recogió el testigo para que la expectación no se redujera en los quince minutos de descanso. Tres de sus miembros bailaron una llarga donde el compás del tambor y los requiebros de la xeremia habían sido remezclados por Manu González, un dj de kilómetro cero que puso la banda sonora a los prolegómenos de la Copa del Rey. Cuando se apagó la música volvió el fútbol. El Ibiza no quería bailar un vals pese a mandar en el electrónico, prefería el ritmo dinámico de la cumbia. La intensidad no decayó y en las primeras jugadas –cuando, por ejemplo, entre Raí y Rodado estuvieron a punto de buscarle un problema a Neto y sus defensas y hacer el segundo tanto– volvió a demostrarse el hambre que tenía el equipo de Segunda B por eliminar al de Primera División. Setién echó mano al banquillo e introdujo progresivamente a tres futbolistas de talla mundial: Jordi Alba, Arthur y Arturo Vidal.

El Barça pudo chutar por primera vez entre los tres palos en el minuto 70 (Rakitic a los guantes de Germán) y dos después De Jong dio el primer pase de gol de los visitantes, un balón filtrado que definió Griezmann. Can Misses volvió a protestar, al considerar que la jugada había comenzado con una falta para robar la pelota. El empate no aplatanó al Ibiza, que aguantó vivo y con esperanzas de forzar la prórroga y, quien sabe, los penaltis, hasta el minuto 94. El derroche físico de los ibicencos empezó a pasar factura según se fue acercando un descuento que se alargó seis minutos. Quedaba un suspiro por cerrar, pero fue suficiente para que Jordi Alba colara por esa rendija otro balón raso que Griezmann, ganándole la espalda a la defensa ibicenca, aprovechara para superar de nuevo a Germán. Los títulos de Campeón del Mundo no se regalan y el francés demostró en Can Misses por qué es uno de los mejores delanteros que se pueden ver en un campo de fútbol.

La ilusión por eliminar al gigante se esfumó, pero el regusto amargo que se le quedó a más de uno (especialmente al futbolistas y cuerpo técnico celeste, que salieron del vestuario una vez acabada la batalla para aplaudir a la Peña Corsarios) se irá convirtiendo en un recuerdo dulce con el paso del tiempo. Ayer, quizás sin saberlo o sin ser conscientes del todo, fueron los jardineros encargados de plantar una semilla que, bien cuidada, puede crecer alta y fuerte, hasta convertirse en ese árbol que los aficionados del fútbol ibicenco llevan tanto tiempo esperando para disfrutar de su sombra y frutos. El tiempo y el balón lo dirán, pero el camino está trazado. Solamente hay una manera para que los niños que vieron el partido contra el Barça no sigan hablando de lo que sintieron aquella tarde lluviosa del 22 de enero de 2020: que vengan más partidos mágicos en el futuro. Parece difícil, pero el Ibiza parece dispuesto a derribar todas las barreras. Ya lo dice el lema del club: climbing to the top.

Ficha técnica.

1 – Ibiza: Germán; Kike López, Gonzalo, Mariano, Grima; Núñez, Javi Lara (Sibo, 76’), Javi Pérez; Caballé (Fran Carbia, 86’), Rodado (Diego, 73’) y Raí. No jugaron: Lucas (p.s.), Arranz, Quintanilla y Cirio.

2 – FC Barcelona: Neto; Semedo, Lenglet, Junior; Sergi Roberto De Jong, Rakitic (Arturo Vidal, 80’), Riqui Puig (Arthur, 71’); Carles Pérez (Jordi Alba, 58’), Griezmann y Ansu Fati. No utilizados: Ter Stegen (p.s.), Umtiti, Abel Ruiz y Chumi

Goles: 1-0, Javi Pérez (8’); 1-1, Griezmann (72’), y 1-2, Griezmann (94’)

Árbitro: Pablo González Fuertes (Colegio Asturiano). Auxiliado en las bandas por los asistentes Alfredo Rodríguez Moreno (Castellano-manchego) y Álvaro Yeray Carreño Cabrera (Tinerfeño). El cuarto árbitro fue Leandro Carbajales Gómez (Asturiano). Mostraron cartulina amarilla a Kike López (60’), Diego Mendoza (77’), Kwasi Sibo (82’) y al visitante Ansu Fati (90’).

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