Primer equipo

Conoce a nuestro próximo rival: Real Sporting de Gijón B

21 febrero, 2020

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Decir Sporting es decir cantera
Decir Gijón es decir Sporting. Decir Sporting es decir Mareo. Y decir Mareo es decir cantera, futuro, calidad, identidad asturiana. El Real Sporting de Gijón es un club centenario que no se entiende sin sus categorías inferiores. Los rojiblancos han trabajado con esmero durante toda su historia en el cultivo de futbolistas autóctonos. Más de una vez han conseguido que jugadores inolvidables explotarán a orillas de la playa de San Lorenzo. No es casualidad que una entidad acostumbrada a codearse con los mejores equipos del país durante sus épocas más brillantes sin perder nunca su condición de humilde haya aportado casi una veintena de internacionales a la Selección Española. 

Canteranos para el recuerdo
Desde Manuel Meana, en los lejanos años veinte, al trío Luis Enrique-Abelardo-Juanele, que debutaron con La Roja a principios de los noventa, se suceden nombres míticos como Quini, Uría, Cundi, Joaquín, Maceda, Eloy Olalla o el Gatu Ablanedo. Todos ellos defendieron a España en un gran torneo internacional. Es más, entre el Mundial de Argentina ’78 y el de Estados Unidos ’94 siempre hubo un sportinguista en el equipo nacional. Todos –menos el valenciano Maceda, que llegó a Gijón con dieciocho años– eran asturianos y criados en la casa sportinguista. Mientras esos futbolistas integraron la plantilla rojiblanca el Sporting fue portada más de un lunes en la prensa deportiva. No se recuerdan mejores años en El Molinón, que estuvo cerca de celebrar un título de Liga en 1979 y dos de Copa del Rey (1981 y 1982) y vibró con las incursiones del Sporting en la Copa de la UEFA. 

Mareo: donde se cultiva el futuro del Sporting
Apostar por el futbolista local ha sido durante mucho tiempo la clave de bóveda de la filosofía del Sporting. La creación de Mareo (el nombre con el que popularmente se conoce a la Escuela de Fútbol Ángel Viejo Feliú) lo ilustra perfectamente. En 1976, Íñigo Churruca, un delantero vasco que había llegado al Sporting siendo muy joven y también fue internacional gracias a sus partidos como rojiblanco, abandonó Gijón. Su traspaso al Athletic Club dejó 50 millones de pesetas en las arcas sportinguistas. Era un dineral para la época y la directiva decidió invertirlos en crear una ciudad deportiva que fue pionera en España. En esas instalaciones se han criado desde entonces miles de futbolistas. Incluso en las épocas más complicadas financieramente para el club, la factoría de canteranos ha sostenido al primer equipo. Cuando el Sporting ascendió a Primera División en 2015 y se mantuvo en la élite la temporada siguiente, la media de edad de la plantilla que entrenaba el Pitu Abelardo era bajísima al estar repleta de canteranos. Y es que Mareo siempre ha sido un balón de oxígeno para el orgullo de la ciudad cantábrica. En 2001, incluso, salvó a la entidad, que traspasó la ciudad deportiva al ayuntamiento de Gijón. Desde entonces, el Sporting y su cantera entrenan en unas instalaciones de las que disfrutan en régimen de alquiler. 

Villa, el guaje más brillante de los rojiblancos
El cambio de propiedad de las instalaciones no detuvo la producción de promesas. Muchas de ellas han completado brillantes carreras –dentro y, con el paso del tiempo, también fuera del Sporting. Junto a los nombres mencionados destaca, quizás por encima de cualquiera, el de David Villa Sánchez. El Guaje quemó etapas en Mareo ante la atenta mirada de Quini y el resto de leyendas rojiblancas que seguían ligadas a la entidad o no se perdían los entrenamientos de las categorías inferiores. Antes de marcar 38 goles en Segunda División A con el primer equipo y debutar con la sub’21 (el estreno como internacional absoluta le llegaría al máximo goleador de la selección cuando militaba en el Real Zaragoza), Villa convirtió catorce en Segunda B con el filial. 

El filial, un equipo indispensable en la Segunda B española
Y es que el Sporting B –antes Sporting Atlético y, en sus primeros años, simplemente Gijón– ha servido como banco de pruebas para testar a las mejores perlas del vivero rojiblanco. Los aficionados del Ibiza podrán conocerlas  de primera mano el domingo. El segundo equipo sportinguista visitará la isla para desafiar a los celestes en Can Misses y demostrar por qué es un clásico del fútbol de bronce. El filial cumple su trigésima temporada en Segunda B. El ascenso se le ha resistido, pero no los títulos: en la temporada 1982/1983 ganó la Copa de la Liga de la categoría y tanto en la 1995/1996 como en la temporada siguiente se proclamó campeón del grupo II. también, a varios entrenadores para sentarse después en el banquillo de El Molinón: Díaz Novoa, Marcelino, Manolo Sánchez, Pepe Acebal, García Cuervo o, por supuesto, Abelardo Fernández. Razones más que suficientes para no perderse la vigésimosexta jornada, un partido con aroma a fútbol clásico.

Foto: Real Sporting Gijón, Pablo Albalá

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