Primer equipo

Conoce a nuestro rival: Racing Club de Ferrol

13 febrero, 2020

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Camiseta verde, pantalón blanco y cien años de historia. Los colores del Racing Club de Ferrol llevan un siglo jugando partidos en los campos de fútbol de todo el país. El próximo rival al que se enfrentará el Ibiza esta temporada sopló las velas de su centenario el pasado otoño. Un hito para un club clásico pero modesto que se mantiene con vida después de fundarse un 5 de octubre de 1919. Ese día se reunieron en una misma entidad los equipos que destacaban entonces en esta ría conocida por sus astilleros y por ser base de la Armada del Ejército español. La idea era poder plantarle cara a los clubes más destacados de Galicia: el Deportivo de la Coruña y los dos equipos que mandaban en Vigo por aquella época: el Sporting y el Fortuna, fusionados en 1923 para alumbrar al Celta. 

Los ferrolanos lograron su objetivo durante sus primeras décadas de vida. Cuando se creó el sistema de ligas español, los racinguistas comenzaron en Tercera División. Cinco años solamente les costó encaramarse a Segunda, una categoría que mantendrían casi ininterrumpidamente hasta 1960. Tras otro breve paso por el fútbol de plata a finales de la década ye-ye, los ferrolanos empezaron una travesía por el desierto que se hizo larga. Durante más de treinta años alternaron participaciones en Segunda B y Tercera (rozando en el infausto 1987 un descenso a Regional) sin poder celebrar un ascenso que se resistió hasta el cambio de siglo. Mientras tanto, Dépor y Celta saborearon sus mejores tiempos al levantar títulos, competir en Europa y jugar finales de Copa del Rey. 

El regreso verdiblanco al segundo escalón del balompié estatal (seis temporadas en la categoría entre 2000 y 2008) permitió que los aficionados más jóvenes disfrutaran de la Liga de Fútbol Profesional. De esta época reciente data el curioso récord que tiene el Racing de Ferrol: es el equipo que más tiempo ha militado en la antesala de la élite sin haber alcanzado nunca la Primera División. En sus 34 temporadas en Segunda A, no obstante, los ferrolanos disputaron varias promociones de ascenso. Su mejor puesto histórico es el segundo puesto de la campaña 1939/1940. 

El año en el que acabó la Guerra Civil el equipo racinguista fue subcampeón de la Copa del Generalísimo, bautizada así en honor al cargo que ocupaba el dictador Francisco Franco, nacido precisamente en Ferrol. En el Estadio de Montjuïc, los gallegos perdieron 6-2 una final disputada contra el Sevilla Fútbol Club, que sería una de los dominadores del fútbol español durante la década de los cuarenta. Esa gesta figura en el palmarés de un club que ha conseguido dos títulos de Segunda B, además de ser en nueve ocasiones el mejor equipo gallego de Tercera División. Un viaje largo y lleno de aventuras que explica perfectamente las ambiciones de la entidad. 

El Racing Club de Ferrol –después de regresar en el primer intento a una Segunda B de la que fue descabalgado en 2018– ansía, tarde o temprano, volver a un playoff que le conduzca nuevamente a Segunda A. Esta temporada, de momento, pelea por poner tierra de por medio con el descenso. Acercarse a la cuarta plaza del grupo I, que se prevé muy disputada, no es un imposible matemática y la plantilla que comanda el entrenador aragonés Emilio Larraz se ha conjurado para conseguirlo. Les obliga su pasado, que los racinguistas exhiben orgullosos organizando eventos como, por ejemplo, una exhibición que resume los cien años del club. Cada vez que saltan al césped de A Malata (un coqueto estadio con capacidad para 12 mil espectadores), los futbolistas del Racing reivindican que este deporte tiene raíces profundas en esta ciudad de 66 mil habitantes, cuna de la tortilla de patatas –en su modalidad poco cuajada– y de un medallista olímpico como el triatleta Javier Gómez Noya. Allá por 1892 se escribió la primera crónica de un partido de fútbol. Lo disputaron los marineros de un barco de la Armada británica que había amarrado en el puerto de Ferrol. Desde entonces, la pelota no ha dejado de rodar en este rincón gallego a orillas del Atlántico.

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