Primer equipo

El Ibiza conoce a Mar Sánchez. Historias olímpicas para la vida diaria

26 febrero, 2020

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Sergei Bubka decía que él amaba el salto con pértiga porque, además de una especialidad deportiva, era un profesor que le ayudaba a pensar. Mar Sánchez se lo ha demostrado hoy a la plantilla y al cuerpo técnico de la Unión Deportiva Ibiza. La pertiguista ibicenca daba sus primeras zancadas en el atletismo de élite cuando Bubka, el gran campeón de la especialidad en los ochenta y noventa, estaba a punto de retirarse. Algunos de esos recuerdos afloran en la charla que Mar ofrece en la sala de prensa de Can Misses. Después del entrenamiento del miércoles, los futbolistas del Ibiza escuchan la historia de aquella niña que empezó jugando con la gimnasia –rítmica y artística– y acabó saltando en el Estadio Olímpico de Sídney.

La ex atleta del Pitiús sigue siendo la única ibicenca en haber participado en unos Juegos. Antes se colgó una medalla de plata en un Europeo júnior y después consiguió plaza de finalista en los Juegos del Mediterráneo que Almería albergó en 2005 y entre medias fue cuatro veces campeona de España a nivel absoluto, además de poseer varios récords nacionales en categoría júnior y promesa. Pero, por encima de todo, Mar podrá contarle a sus nietos que fue olímpica en Sídney. Tenía veinte años cuando cruzó el planeta para entrar en la historia del deporte insular y ha pasado prácticamente el mismo tiempo desde aquel septiembre australiano. Dos décadas dan para mucho, dentro y fuera de la pista, y Mar tenía suficiente material preparado para explicar algo más que batallitas deportivas: “Les he situado un poco en lo que es Ibiza en cuanto a deporte, el nivel y el bagaje que tenemos. He querido hablarles del entorno, de valores, de las lesiones, de cuando uno tiene un sueño y tiene que pelear, de la concentración…”

Media hora larga de conversación –las dudas de los futbolistas no tardan mucho en aparecer; entre otros temas le preguntan a Mar si fue dura la decisión de retirarse con apenas treinta años; desde entonces se ha dedicado a la fisioterapia y a criar a sus dos hijos, niña y niño– que culmina con una demostración –donde solo falta sobrevolar el cielo despejado del caluroso febrero ibicenco– sobre la pista de atletismo. Volvía a pisar la atleta el cajetín por el que tantas veces corrió para saltar sobre el listón y, rodeada de jugadores de fútbol, empuña la pértiga de nuevo. Cuatro metros y veinte centímetros y algo más de dos kilos de peso. La compañera de largas sesiones entrenando una batida que, en su caso, solía de ser de una treintena de metros (“cada pertiguista tiene su distancia ideal y la medimos en zancadas”, explica a los futbolistas) y precedía al apoyo de la pértiga, que se flexionaba lo necesario para elevar al cuerpo y conducirlo hasta el momento trascendental del salto con pértiga, cuando toca superar la barra sin tocarla, o rozándola apenas, para que se quede en su sitio mientras el cuerpo aterriza sobre la colchoneta. Algunos jugadores, como Rodado y Grima, aceptan el reto de agarrar la pértiga, comprobando instantáneamente la dificultad de coordinar la cantidad de movimientos que se suceden en apenas diez segundos en una prueba donde se conjugan la potencia y la elasticidad, el control mental y emocional con el dominio de la musculatura. Condiciones que Mar fue capaz de reunir para ostentar los récords nacionales al aire libre y en pista cubierta durante tres años, entre 1998 y 2001.

La demostración está aliñada de anécdotas que la pertiguista que llegó a saltar 4,31 metros, la mejor marca de su carrera, cuenta con gracia. Su especialidad es una de las más peculiares del atletismo, comenzando por la logística que supone viajar con una herramienta de trabajo de esas dimensiones. Cuando Mar Sánchez fue convocada para el Mundial de Edmonton, un año después de ser olímpica, llegó a Canadá más tarde que la expedición oficial de la selección española. “La bodega del avión que reservó la Federación Española estaba muy compartimentada y no estaba preparada para alojar objetos tan largos como nuestras pértigas. El pertiguista masculino y yo tuvimos que tomar una ruta alternativa y viajar por París. Así que ya sabéis, si estáis pensando en pasaros al atletismo no escojáis la pértiga. Pillad algo más normal, unas zapatillas de clavos y a correr”, bromea Mar, ya junto a la colchoneta. Allí se queda la atleta junto a los futbolistas más curiosos, los que no quieren que se acabe esta actividad que sirve al equipo para romper la rutina de una temporada que está entrando en su fase decisiva.

“Nos ha explicado cómo afrontar las competiciones y también el trabajo del día a día. Es muy enriquecedor escuchar a alguien con la experiencia que supone haber participado en Juegos Olímpicos y Campeonatos del Mundo. A todos nos ha servido para pensar en lo sacrificado que es el atletismo. Ella nos ha explicado cómo se prepara físicamente un pertiguista, la técnica que usa… Le hemos muchas preguntas porque, al final, es deporte y la competición tiene puntos en común”, dice Miguel Núñez, contento de conocer “a una de esas personas tan interesantes que viven en esta isla que es mucho más que sol, fiesta y lo que conoce todo el mundo”. Javi Pérez también recordará el día en que pudo hablar por primera vez con una deportista olímpica. “No había tenido la suerte de coincidir con alguien que ha conseguido tanto en el mundo del deporte. Te motiva mucho escuchar a alguien así que trabajando mucho se pueden cumplir los sueños tanto individuales como colectivos que tenemos. Es bonito vivir momentos así”, explica el centrocampista alcarreño.

“Creo que tenemos que ser equipos multidisciplinares. El fútbol nos aporta una representación de Ibiza en el exterior que a lo mejor otros deportes no se ha tenido, pero ellos se pueden nutrir con nuestra experiencia como deportistas. Yo creo que la clave es intentar que todo sume, sin que nadie esté por encima de nadie sino donde todo el mundo pueda crecer con ese intercambio”. A ella, que se pasó tantas horas luchando para sacar la mejor versión de sí misma en un deporte tan solitario donde el atleta y su entrenador llegan a formar una misma unidad, la visita le sirve para constatar que en una disciplina colectiva como el fútbol sin bienestar emocional el rendimiento físico se resiente. Y al contrario. “Es importante crear un equipo donde todo el mundo sume y los egos se guarden en el cajón. Creo que el Ibiza lo está consiguiendo y eso les va a llevar a conseguir sus objetivos”, cuenta Mar a los periodistas que cubren el encuentro entre fútbol y atletismo, apostando por la paciencia con la que trabaja el Ibiza desde principio de temporada y que le lleva, de nuevo, a seguir los pasos de Bubka. Al ucraniano, una vez campeón olímpico, seis mundial, le preguntaron después de un mitin en 1984, cuando empezaba a acercarse a los seis metros, a qué altura podía llegar a saltar.

–No lo sé –contestó Bubka, que entonces tenía veinte años y competía de rojo URSS–, pero esto me recuerda a un viejo proverbio ruso: primero hazlo, luego dilo.

Los 6,15 metros que saltó Bubka en 1993 fueron la mejor marca mundial durante 7.664 días, casi veintiún años.

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