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El ritual de ir a Can Misses los domingos

3 abril, 2020

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Ir al fútbol los domingos por la mañana se ha convertido en un ritual para miles de ibicencos. Ha ocurrido en menos de un año. Lo explican las cifras. Atlético Sanluqueño, Recreativo, Marbella, Melilla… Los rivales que visitaron Can Misses durante la primera vuelta de la pasada temporada reunieron menos de mil espectadores en las gradas. La afición había aumentado respecto a Tercera División y, a lo largo de la campaña 2018/2019, también se notó el incremento. Real Murcia (1.246 espectadores), Cartagena (1.127) y Atlético Malagueño (1.089) fueron encuentros que sirvieron para que más ibicencos se animaran a vestirse de celeste antes de la comida dominical con la familia. La semilla estaba plantada y solamente hacía falta seguir regándola con ilusión para que brotara con fuerza. Llegó el verano y con el calor, fichajes que renovaron una plantilla que mantuvo a un grupo de nutridos de futbolistas con los que ya se había identificado la hinchada. La mezcla empujó a los amantes del fútbol a sacarse el carné del Ibiza. Durante la campaña de abonados, más de 1.500 pasaron por las oficinas del club para tramitarlo. 

Todavía en agosto, el amistoso que el Ibiza jugó contra la Peña para reencontrarse con su afición y presentar en sociedad la camiseta para la nueva temporada marcó el camino. Una semana después, el 1 de septiembre, 1.749 personas se sentaron en las gradas de Tribuna y General para disfrutar contra la victoria ante el Rayo Majadahonda. La imbatibilidad como locales de los futbolistas de Pablo Alfaro fue el reclamo perfecto para que la parroquia se estabilizara en torno a los 2.000 espectadores. Hasta que llegó el Atlético Baleares. El Ibiza hincó la rodilla, demostrando buen juego pero cayendo por la mínima. El público agradeció el esfuerzo: 3.500 entradas se vendieron para el derbi. Un gran estirón que se consolidó dos semanas después en otro gran partido de amargo resultado frente al Atlético de Madrid B (2.891 localidades ocupadas). 

Llegó la Navidad y con el frío volvió a abrirse la campaña de abonados de cara a la segunda vuelta. Entonces apareció la Copa del Rey y, con ella, la locura. El 8 de enero se eliminaba al Pontevedra en Pasarón y, tres días más tarde, 4.345 aficionados agotaron el papel en el Estadi Municipal para el encuentro contra el Albacete. Una marea celeste nunca vista antes que contuvo la respiración durante la tanda de penaltis que resolvió la sangre fría de Diego Mendoza desde los once metros. La campaña de invierno tuvo que cerrarse temporalmente cuando el bombo de la Real Federación Española emparejó a los ibicencos con el Futbol Club Barcelona. En una semana, Can Misses aumentó su capacidad casi en un 50 por ciento. La estructura del club multiplicó esfuerzos para acomodar a 6.445 aficionados para que vivieran en el campo un partido histórico en el que trabajó medio millar de profesionales. Las últimas jornadas del campeonato de Segunda B que se han disputado en la isla –Coruxo, 2.891; Sporting de Gijón B, 3.016– demuestran que el estadio ibicenco es uno de los mejor ambientados de la categoría. 

Además, el ritual de ir al fútbol los domingos por la mañana al que se han acostumbrado miles de ibicencos es sinónimo de fiesta. El buen rollo lo aportan las dos peñas de animación con las que cuenta el club. Los Corsarios acostumbran a desayunar juntos y, luego, se concentran en el aparcamiento de la piscina de Can Misses. Allí entonan las gargantas para entrar pletóricos en el campo cuando faltan tres cuartos de hora para el pitido inicial. Antes de aplaudir a los futbolistas cuando salen a calentar, los peñistas han colocado pancartas y desplegado las banderas que no dejarán de agitar durante los noventa minutos de juego. Si se viene un partido de los que se marcan en rojo en el calendario, los Corsarios programan un ensayo general para que, a la hora de la verdad, todo salga a pedir de boca cuando el balón ruede sobre el césped. 

Cuando el Ibiza juega en casa, junto a los Corsarios, corea canciones la Penya Pagesa. Creado el pasado verano, este grupo de animación ya ha desarrollado sus propios hábitos. Su lugar de reunión es la sede de la peña. También son tempraneros. A las nueve y media ya hay pagesos repasando los cánticos que han creado para apoyar al equipo en las cenas que, entre semana, van construyendo el espíritu de hermandad que toda peña futbolera necesita. Una hora antes, con todo el material que necesitan para el partido, parten hacia Can Misses. Un rato de espera en la puerta precede a la entrada de la Penya Pagesa en el campo, cuando falta media hora para el inicio. Tocados con sus gorros de paja se les reconoce a la legua cuando aparecen haciendo sonar los instrumentos del folclore insular (castanyoles, tambor i flaüta) que utilizan para apoyar al Ibiza. Al final del partido regalan una sobrasada al futbolista ibicenco que mejor ha jugado bajo su criterio. Se la acercan con una caña desde la grada mientras le dan la enhorabuena. El agraciado suele colgársela del cuello, aplaude a los peñistas y, el lunes, antes de subir al entrenamiento de recuperación con el que la plantilla comienza la semana, compra una barra de pan y la mete en la bolsa junto a la sobrasada que luego se comerá en el vestuario junto a sus compañeros. Es un delito no compartir las cosas buenas.

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