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LOS CINCUENTA PARTIDOS DE GONZALO: EL VETERANO CENTRAL QUE NUNCA SE RINDE

30 enero, 2020

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A Gonzalo de la Fuente (Burgos, 1984) le extrañó recibir una oferta para jugar en Tercera División. El central venía estar dos años en Segunda A con el Albacete y de haber buscado el ascenso al fútbol de plata en dos proyectos potentes como los de Ponferradina y Racing de Santander. Pronto se dio cuenta de que era difícil responder con un “no” a la llamada del Ibiza. “Según fuimos hablando y Amadeo [Salvo] me explicó lo que quería hacer con el club me enganché. Cuando tienes familia cada vez cuesta más menearla de un lado para otro, por eso necesitaba jugar en un club con muchísima hambre. Me encanta integrar esta plantilla híper competitiva. Aquí no existe la evaluación continua, cada semana es un test que tienes que aprobar si quieres jugar”, explica Gonzalo. El futbolista más veterano de la plantilla celeste cumple su segunda campaña en la isla. Desde el 22 de enero forma parte del selecto club de jugadores con cincuenta o más partidos oficiales disputados con el Ibiza. Alcanzó la cifra contra el FC Barcelona en Copa del Rey y la superó jugando completo el encuentro de Liga frente al San Sebastián de los Reyes.

“Me acuerdo del ambiente discreto que había en el primer partido que jugué en casa la temporada pasada [contra el Atlético Sanluqueño]. Pasar de esa sensación a las más de dos mil personas que se metieron en Can Misses contra el Sanse es brutal. Y no hablemos de la fiesta que supuso el partido contra el Barça… ¡O del día contra el Albacete! La Copa del Rey, incluidos los dos viajes a Pontevedra, ha sido muy bonita”, dice Gonzalo. Saberse parte de un club “que arrancó desde lo más bajo, de Regional” y que, a base de paciencia y esfuerzo, aspira a volar alto motiva a Gonzalo. A sus 35 años, el defensa es uno de los capitanes de la plantilla. Ser un referente para los jóvenes que se han enrolado esta temporada en la nave celeste, ayudarlos y aconsejarlos; eso le hace sentirse útil. La experiencia convierte a Gonzalo en alguien que sabe que las metas solamente se consiguen si se trabaja pensando en el largo plazo. “Luis [Verdú] y Sergio [Cirio], que son los que más tiempo llevan en el club, han sido muy importantes para nosotros”, reflexiona, “nos han enseñado a mantener la tranquilidad y la mesura a los que hemos ido llegando después. Ver más allá para superar momentos muy complicados, que los hemos tenido”. Para vivir momentos “espectaculares” durante un mes de enero “inolvidable” Gonzalo recuerda que ha sido necesario cruzar algún desierto: “No estaríamos aquí si la temporada pasada no hubiésemos acabado la Liga como un tiro. No fue fácil. Tuvimos que superar dificultades. La llegada de míster y de Fernando Soriano nos dieron estabilidad. Este verano se ha completado una plantilla formada por personas y profesionales de diez. La química que tenemos en el vestuario es vital para sumar puntos en una competición donde los partidos se deciden por detalles”.

Gonzalo debutó en Segunda B con el Burgos Club de Fútbol un 17 de octubre de 2004. Tres lustros después su oficio ha dado un giro de ciento ochenta grados. Aplicándose la máxima de “adaptarse o morir”, él ha ido evolucionando a medida que también se renovaban los estadios y cambiaba el perfil de los entrenadores: “En mis inicios no nos cuidábamos lo que se cuidamos ahora ni teníamos los mismos conocimientos tácticos. Los defensas, actualmente, tenemos que ser mucho más completos que hace unas décadas. La clave es exigirse cada temporada un poco más porque los jóvenes vienen apretando. En las canteras ahora se forma a los chicos, física y mentalmente, para competir. En mi época hasta juveniles jugabas para divertirte y luego empezabas a enterarte un poco de lo que era el fútbol”.

Cuando acaba de entrenar Gonzalo pasa por la guardería a recoger a su hija Clara. La calma de la isla fuera de temporada y la cercanía de los aficionados celestes le llenan. Después de jugar al fútbol en Castilla, Asturias (donde estuvo en Oviedo, Caudal y Avilés), La Mancha, el Bierzo o Cantabria, ¿se imagina quedándose a vivir en una isla mediterránea? “Mi mujer y yo aplicamos el carpe diem. Cada vez conocemos a más gente, nos hemos hecho al clima ibicenco y… ¿quién sabe qué nos deparará el futuro? Lo importante es que estemos los tres juntos y que haya salud. Para mi hija estoy convencido de que será una experiencia haberse criado en Ibiza”.

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